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ADOQUINES Y COJINES

Europa. La vieja y adoquinada Europa, la cuna de lo que hoy conocemos como civilización moderna, pero que comienza a mostrar -y desde hace unos años- los inequívocos achaques del paso del tiempo. Su mirada empieza a ser ya un brillo rasgado de un pasado glorioso pero que se esfumó, una gloria convertida en descoordinación, buenismo, egoísmo y tanto exceso de tapujos como falta de soluciones consensuadas y contundentes.

Hace tiempo ya que se acabó. Seamos realistas, esto ya no es la Guerra Fría, el enemigo soviético, la silenciosa amenaza nuclear; esto se ha convertido en una especie de Risk sin escrúpulos, donde Asia reparte las cartas y el Pacífico inunda el Atlántico. Pocos países asiáticos -y pongo el énfasis en los indonesios- se atreven hoy a encarar las malas pulgas de China; simplemente dan la partida por perdida. Y si no, que se lo digan a la pseudounión económica que se han montado por allí, un chiringuito donde cabe hasta el bloque de Oceanía, encarnado, principalmente, por Australia. Solo Japón, Corea del Sur y el recién sacado a colación país de los surferos rubios se atreven hoy a bajarle los humos a la China de “Jackie Chan”, escudados, por supuesto, en la ventaja tecnológica que aún poseen y en el poderío militar y disuasorio de EEUU y su diplomacia con portaaviones.


No nos engañemos y abramos los ojos, Europa -y el Occidente que representaba- se desoccidentaliza, paradójicamente; simplemente se esfuma, se descuajeringa como un viejo cojín con el relleno podrido por el envejecimiento de su población, la hirsuta podredumbre de lo políticamente correcto y la pandilla de, si me permiten, mamarrachos que lo zarandean desde Bruselas y la comodidad de sus sillones -o sus sofás, si se trata de visitar al tirano Erdogan-. “Hoy no es día de mojar la pólvora” rezaba uno de aquellos marinos decimonónicos de El Callao, y me asombra advertirles de que tenemos una importante vía de agua; nos hundimos, lenta y burlonamente. Al menos, que no se diga que no intentamos mantener la cordura y la dignidad a flote. Lejos del frío, inerte, abismo que es el océano.


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