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BUENISMO Y POSTUREO PACIFISTA

 -Sobre la Europa posmoderna-

    24 de febrero de 2022, las tropas de Putin penetran en territorio ucraniano bajo la extravagantemente denominada “operación militar especial”. Aunque los acontecimientos mostrarían más tarde que la realidad del ejército ruso no era la que algunos vaticinaban -con unas tropas con ciertas carencias, llamémoslas-, se trataba del estallido del primer conflicto “convencional” desde Malvinas. Sin embargo, este retornaba rejuvenecido y mostrando nuevas facetas de la mano de las armas no tripuladas y, sobre todo, de las redes sociales; y son éstas últimas las que me llevan, inevitablemente, a reflexionar sobre la sociedad occidental -la europea más concretamente- y sobre cómo el uso que esta hace de las redes nos sirve de indicador de su estado de “evolución”, así como a la manera de la que el europeo medio parece afrontar esta guerra a las puertas del viejo continente.

    Europa llevaba décadas sin alejarse tanto -o al menos de manera tan real- de esa paz con la que soñaba en Yalta y, a simple vista, parece que su voluntad de mantenerla a toda costa tampoco difiere mucho de la tibieza del periodo de entreguerras; con la diferencia de que hemos cambiado papeles con Roosevelt y ahora somos nosotros los que nos dedicamos a mandar armas a fin de evitar decisiones impopulares. Además, hoy se unen las banderas ucranianas en redes sociales y en el marcador de los partidos de fútbol. Porque todos somos muy pacifistas hasta que al vecino le echan abajo la valla del jardín y le entran hasta la cocina; entonces nos acordamos de los uniformes de camuflaje, los destructores y los carros, y recordamos que existen tiranos e hijos de puta con sillones y botones rojos.

    Pero esta falta de cultura de defensa y de seguridad afecta hasta el último estrato, y muestra de que la Europa posmoderna no se toma en serio este asunto es el haber convertido, de un tiempo a esta parte, sus Fuerzas Armadas en expositores de la industria europea de defensa. O así lo demuestran, entre otras, las declaraciones de una diputada española en las que afirmaba que el F-35B era un producto americano y no servía para Europa. Meses después, países subdesarrollados y sin ninguna visión estratégica como Dinamarca, Alemania, Italia o Noruega confirmaban la compra del caza de 5ª generación. Y Lo verdaderamente preocupante de este hecho es que esta diputada era una exmilitar, lo que me lleva además a pensar que esta especie de ceguera estratégica se extiende hasta las propias Fuerzas Armadas, ya sea por la educación en los propios centros militares de formación o por la inevitable influencia de la sociedad sobre el Ejército, que al final no deja de ser una parte más de ésta. Aunque personalmente me inclino más por la segunda hipótesis.

    A cuento de esto, hace unas semanas, una profesora de inglés -sí, una profesora de inglés- preguntaba en clase a alumnos de la escala de oficiales si les preocupaba Rusia; a lo que la gran mayoría respondía negativamente, aduciendo que los ucranianos, con una Armada de cuatro barcos, habían conseguido hundir un crucero ruso. La docente, sorprendida, les respondió que ellos tenían algo que nosotros no teníamos: estaban dispuestos a morir.

    Así, a botepronto, a alguno le puede sonar a patrioterismo soviético, pero se trata de algo mucho más profundo. Aunque los alumnos, todavía imberbes, parecieron no comprender bien que quería decir la profesora, esta se refería a que la sociedad, el ciudadano ruso, es consciente del valor que tiene el sistema que le aporta la calidad de vida de la que disfruta; o al menos, tiene más cultura de defensa. Quizá sea porque los rusos todavía se acuerdan de Chechenia o Georgia, mientras que el adolescente de la Europa Occidental apenas conoce Bosnia e ignora por completo Malvinas.

    Todo esto me lleva a la siguiente pregunta: ¿está Occidente verdaderamente dispuesto a morir por su sociedad, o dejará que el imperio caiga a manos de los bárbaros otra vez más?

    Retomando el tema de la capacidad del Ejército ruso, es lógico pensar que el adiestramiento se puede conseguir con sudor y con tiempo, así como el material con dinero y políticos conscientes de una necesidad; pero qué pasa con el pueblo. Echando un vistazo a nuestro entorno, uno se da cuenta de que, al menos en mi generación, la preocupación suele rondar en torno a cuánto queda para el fin de semana y por dónde se va a salir de fiesta.

  Maslow lo explicaba estupendamente en su pirámide, y tirando de esta podemos explicar este fenómeno: dando por cubiertas las necesidades fisiológicas -que dan para otro texto entero- , el garantismo europeo permite una inhibición notable en cuanto a preocupación por la seguridad se refiere, y no solo sobre temas como el terrorismo, menciona Argelia o el Sahel y directamente se ríen en tu cara; lo que nos lleva directamente a las siguientes necesidades en esta jerarquía, que son la aceptación social y la autoestima, lo que coincide a la perfección con lo mencionado hasta ahora: unos jóvenes despreocupados y ansiosos porque llegue el momento de salir a tomar unos cacharros, porque no saben -no sabemos- lo que es el hambre, la incertidumbre ni la guerra.

    Y es que, la última generación europea que conoció la miseria fue la de nuestros abuelos. Nosotros hemos nacido dando por hecho que aquello que poseemos, la calidad de vida, el estado de paz en el que se encuentra nuestro continente, es el modo de ser normal de las cosas.

   Aunque, no todo es malo. Aún quedan jóvenes dispuestos a dedicar una mínima fracción de su tiempo a “culturizarse” -por definirlo de alguna manera-. El caso es que, aunque existan algunas excepciones, los intentos de estas personas por interesarse por el mundo que les rodea acaban con la llegada del tiempo libre; será entonces cuando volverá a entrar en juego el tercer escalón de la escala de Maslow y lo conseguido hasta entonces se irá al carajo de nuevo.

    Desafortunadamente, esta tendencia es una realidad y generalizando burdamente parece ser ridículo dedicar tiempo, voluntariamente, a indagar sobre asuntos de actualidad o incluso sobre la historia -que nos ayudará a entender la primera-. Lo divino y lo humano apaleado y ramplonamente relevado por lo de Shakira, Casio y toda esa otra parafernalia mezquina y vulgar que nos sobrevuela con sagacidad. Porque fue el coraje y la astucia de la generación de nuestros abuelos la que llevó nuestro continente a donde está ahora, y será la mediocridad de nuestra generación la que termine por demoler los cimientos del desdichado y pronto desvencijado viejo continente.

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