El año 2020 se acaba, en realidad, ya se ha acabado, y seguramente sea uno de los años que con más desprecio se haya marchado. Y digo “marchado”, pero quiero decir echado a patadas. Las palabras, esos conjuntos de sonidos que nos lo han dado todo, definen la sociedad, e incluso la época. El lenguaje es lo único que nos distingue de un simple y chato animal. Con todo el respeto al Creador. Y probablemente, la única causa de que tuviéramos éxito al bajarnos del árbol. Hoy, más que definirnos, el lenguaje indica el nivel de marchitamiento que padece el mundo. Como un barómetro de la decadencia. Un decadenciómetro. Y palabras del año como “posverdad” o “fake news” no hacen más que recordarnos lo que somos: falsas apariencias, aparente realidad, existencialismo congénito disfrazado de mr. Wonderful, es decir, bufones. A esto se le suma que ahora los camiones no se atascan, “se embolsan”; y que los edificios, el tráfico y los hospitales “colapsa...
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