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HÉROES MEDIOCRES

  15-XII-2020

    13 de marzo de 2020, se declara el estado de alarma en España y se decreta el confinamiento domiciliario total y la paralización de las actividades económicas no esenciales. Sí, así empezaría esta historia si la narración fuera in media res. Pero para ser rigurosos, debemos tomar como el inicio de esto el mes de diciembre, cuando un régimen tan opaco como lo es China hizo público que un virus se le había ido de las manos.

    No voy a entrar en teorías de la conspiración ni en absurdas casualidades, el caso es que ahora vamos con mascarilla y ya está. La irrupción del Covid-19 ha puesto de manifiesto la incompetencia y la necedad si no de toda nuestra clase política, de al menos una gran parte de ella. Y esto es como una fruta, cuando una parte se pone pocha el resto no tarda en caer, y el hongo al que nos enfrentamos se llama mediocridad. A todo esto se suma la indiferencia de la sociedad, diría que de la población más joven, pero solo hay que pasar por la terraza de un bar un viernes para darte cuenta de que la moda de la mascarilla en el codo es ageneracional, y si es acompañada de un cigarro en la mano mejor que mejor.

    Por otro lado, me gustaría alertar de cómo se ha denigrado en el s.XXI el concepto de héroe, según la RAE: persona que lleva a cabo una hazaña extraordinaria que requiere de valor. Dudo que quedarse en casa cuente como “hazaña extraordinaria” ni siquiera como “hazaña”. Pero se nos dice que lo somos, cuando lo único que hemos hecho ha sido quedarnos en el sofá de casa, dos meses y medio pasándolo fatal delante de una pantalla, soportando el aire acondicionado y viendo la calle por una ventana. Seguro que las 70 personas que comparten dos baños y una ducha en el submarino Tramontana o las 200 que llevan cuatro meses en la fragata Reina Sofía en Somalia piensan lo mismo de nosotros. La historia nos pondrá en su sitio, creánme.

    Al menos hemos llegado a una conclusión indiscutible, solo capaz de ignorarse por un buen antifaz de bien sea ignorancia, necedad o una combinación ramplona de ambas, necesitamos reforzar los tres pilares básicos de toda sociedad: educación, sanidad y defensa. La una no es posible sin las otras y viceversa, y simplemente me remito a los hechos: una sanidad coja que se ha visto desbordada, unas fuerzas armadas que han tenido que salvarnos el culo a cambio de medallitas y aplausos, pero sobre todo, que una vez que estas han conseguido estabilizar el desastre, una sociedad con un déficit importante de educación lo ha vuelto a echar todo por la borda. Todo esto ocurre mientras se sigue buscando el equilibrio entre salud y economía, nuestros mayores fallecen cada día, nuestras empresas se arruinan y la esperanza reside en una vacuna desarrollada de prisa y corriendo y de la que desconocemos sus efectos a largo plazo. La historia solo les pide una cosa muy simple, ustedes deciden ¿se van a poner la mascarilla en el codo o en la boca?


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