Ir al contenido principal

EL DECADENCIÓMETRO

 

    El año 2020 se acaba, en realidad, ya se ha acabado, y seguramente sea uno de los años que con más desprecio se haya marchado. Y digo “marchado”, pero quiero decir echado a patadas.

    Las palabras, esos conjuntos de sonidos que nos lo han dado todo, definen la sociedad, e incluso la época. El lenguaje es lo único que nos distingue de un simple y chato animal. Con todo el respeto al Creador. Y probablemente, la única causa de que tuviéramos éxito al bajarnos del árbol. Hoy, más que definirnos, el lenguaje indica el nivel de marchitamiento que padece el mundo. Como un barómetro de la decadencia. Un decadenciómetro. Y palabras del año como “posverdad” o “fake news” no hacen más que recordarnos lo que somos: falsas apariencias, aparente realidad, existencialismo congénito disfrazado de mr. Wonderful, es decir, bufones. A esto se le suma que ahora los camiones no se atascan, “se embolsan”; y que los edificios, el tráfico y los hospitales “colapsan”. No lo digo yo, lo dicen los periodistas.

    La palabra del 2020 ha sido “confinamiento”, y no sé si es la que mejor lo define, quizás yo habría optado por “irresponsabilidad” o por “egoísmo”. Lo que sí puedo afirmar, y lo digo convencido hasta la médula, es que fue el año en el que, al menos durante un mes, dejamos de lado a los futbolistas, los actores, e incluso a los políticos, y fuimos capaces de valorar, aunque fugazmente, a docentes, médicos, enfermeros, militares y hasta a los escritores, porque alguien tiene que poner lo que pensamos en negro sobre blanco.

    En definitiva, este año ha sido, cuanto menos, memorable, un aviso de lo que puede pasar cuando jugamos a ser dioses. Las eras terminan con años agitados y zozobrantes, llenos de acontecimientos para recordar, y me juego un brazo a que las cosas están cambiando; no me atrevo a aventurar si de manera disruptiva, pero seguro que nos dirigimos hacia un mar nuevo, un mar desconocido. Así que, sujeten su sextante y estén atentos al barómetro del lenguaje -el decadenciómetro-, para que podamos seguir navegando, no cortando el mar sino volando. De lo contrario, nos arriesgamos a acabar como condenados náufragos, recordando la humanidad como un nimio lugar del pasado, un sucinto destello, ceniza, humo, nada.


Comentarios

Entradas populares

TURISMO "ZOMBIE"

El turismo en nuestro país ha sufrido un no despreciable auge de un tiempo a esta parte, llegando la “invasión guiri” hasta el más recóndito de los pueblos y poniendo de manifiesto la gran riqueza cultural que posee España. Esta explosión se debe no solo a la calidad de nuestro hogar y lo acogedor de nuestras gentes, sino también, no nos engañemos, a los peligros del terrorismo en países norteafricanos como Túnez, la inestabilidad en Turquía o la crisis en Grecia, que han venido provocando durante los últimos años que el turista opte por venir a un país soleado y barato como lo es el nuestro. Y he aquí el problema, el turismo “low cost”, masificado y en muchas ocasiones “de borrachera”, es un peligroso polarizador de la población local, pero, sobre todo, puede causar una necrosis irreversible en el tejido de este pilar económico esencial. Porque es un hecho que nuestras ciudades se mueren de éxito, y cada año que uno visita Córdoba o Málaga -por mencionar alguna- se ve rodeado...

ANALGÉSICOS EN TAPA DURA

   Que la juventud actual, y centro el foco en mi generación, acarrea un conflicto severo con la lectura se trata de un hecho palmario y que salta a la luz con solo oír hablar a cualquiera de estos asnos millennials y posmillennials. Vaya de antemano que cuando digo “oír” quiero decir “leer”, sí, leer su petulante y pueril opinión sobre el paisaje que les rodea en 140 caracteres.     Muchos señalan, erróneamente, al sistema educativo como el culpable de la papilla de mediocridad que comienza a entrar ahora en edad laboral. Porque nos enseñan historia, pero repetimos una y otra vez los mismos errores garrafales; nos enseñan lengua, pero no sabemos escribir, ni mucho menos leer más allá de “Blue Jeans” y “Geronimo Stilton” -eso sí, el complemento de régimen lo llevamos al pelo-; nos enseñan física y matemáticas, pero memorizamos fórmulas en cuadritos fluorescentes y mecanizamos problemas como amebas que pretenden ser ordenadores. Ah. Y nos enseñan idiomas pero d...

ANGLICISMOS Y NEOLOGISMOS

    La importación de palabras provenientes del inglés, o como la RAE las denomina, “anglicismos”, es algo más que un hecho, se trata de una tendencia palmaria que el español del s.XXI ha terminado por adquirir y que actualmente forma parte de aquello considerado cotidiano. Este hecho no solo se produce a partir del inglés, sino que también ocurre con otros idiomas como el francés o el italiano, es por ello que para poder abarcar el mayor abanico posible de posibilidades me referiré a ellas sistemáticamente como extranjerismo o neologismos.     El uso de estas palabras responde a la necesidad de expresar ciertas cosas o conceptos que el castellano no contempla, algo necesario en un mundo globalizado, y que ayuda a enriquecer nuestra manera de comunicarnos, es decir, el enriquecimiento del lenguaje como una vía para diferenciarnos de simples y chatos animales. Pero no nos engañemos, se nos ha ido de las manos y estamos adquiriendo vocabulario que ya existe e...

BUENISMO Y POSTUREO PACIFISTA

  -Sobre la Europa posmoderna-      24 de febrero de 2022, las tropas de Putin penetran en territorio ucraniano bajo la extravagantemente denominada “operación militar especial”. Aunque los acontecimientos mostrarían más tarde que la realidad del ejército ruso no era la que algunos vaticinaban -con unas tropas con ciertas carencias, llamémoslas-, se trataba del estallido del primer conflicto “convencional” desde Malvinas. Sin embargo, este retornaba rejuvenecido y mostrando nuevas facetas de la mano de las armas no tripuladas y, sobre todo, de las redes sociales; y son éstas últimas las que me llevan, inevitablemente, a reflexionar sobre la sociedad occidental -la europea más concretamente- y sobre cómo el uso que esta hace de las redes nos sirve de indicador de su estado de “evolución”, así como a la manera de la que el europeo medio parece afrontar esta guerra a las puertas del viejo continente.      Europa llevaba décadas sin alejarse tanto -o al ...

DE STILTON A NETFLIX

9-XI-2020     Hoy por hoy, las series son la forma de entretenimiento por excelencia, y estas se han convertido, además, en tema de conversación tan frecuente como recurrente entre los españoles.     Quizás porque nos permiten sumergirnos en otras vidas, otros sentimientos, otras preocupaciones y durante un largo período de tiempo, pero con la desconexión al alcance de un botón. Y eso, fíjense, es lo que hasta hace un momento se conocía como novela. Gracias a las series, cualquier persona con conexión a internet y una pantalla tiene la posibilidad de vivir experiencias y aventuras que no puede ni imaginarse cuando se levanta por la mañana. Casi como si leyera. Y he aquí el problema, este  boom  está agravando el conflicto que arrastra la sociedad del s. XXI con la lectura. Nuestros jóvenes han cambiado a “Gerónimo Stilton” por “Netflix”, cuando deberían haberlo hecho por “Reverte”, “Ken Follet” o “Ruíz Zafón”, y a este ritmo, no me extrañaría...