-Occidente se
desoccidentaliza-
La
calidad de vida viene sufriendo un importante crecimiento desde hace 80 años.
Tras la última gran guerra -la guerra civil en el caso de España-, no ha hecho
más que crecer y crecer. Y, como bien sabemos desde marzo, las curvas -las
famosas curvas- se aplanan, y en este siglo alcanzaremos el pico de la de un
sistema donde occidente manda y donde el estado de derecho y del bienestar dará
paso a Dios sabe qué.
Esto es lo que se
conoce como “decadencia del Imperio”; y no me refiero a “la Guerra de las Galaxias”,
sino a Occidente, al que mantiene al Atlántico como centro del mundo y de la
globalización. Me explico, los romanos se acomodaron y todo se acabó; y lo
mismo pasó con España, los virreinatos se fueron de madre y todo se volvió a ir
al carajo. Ahora vivimos en Europa, el viejo continente, con una economía ya
por debajo de la de India, unas pirámides demográficas invertidas que se
asemejan más a botijos y unos flujos migratorios insostenibles que la ahogan y
la dividen. Y por si no fuera poco, a esto se le suma el lento y silencioso
marchitamiento que padecen la UE e incluso la OTAN; porque cuando todo va mal,
el gasto en defensa aumenta. Y fíjense, el de EEUU está creciendo, pero el de
China y la India se está triplicando. Todo esto se puede resumir en tres
palabras: Occidente se desoccidentaliza.
El
caso de España es tan peculiar como lo ha sido siempre históricamente,
simplemente nos gusta ir a contracorriente. Además, nuestra clase política,
patética e inepta, confunde el hemiciclo con un ring de boxeo y
aporta soluciones en forma de pobreza subencionada y palabras tan bonitas como
huecas. En el fondo, el español del siglo XXI no dista mucho del español del
XIX.
A modo de
conclusión, diré que tampoco quiero parecer Chicken Little cuando gritaba “¡el
cielo se cae! ¡el cielo se cae!”, pero ahora diciendo que el Imperio se cae. Es
algo más complejo que eso -más parecido a la película WALL-E-, pero es que a
los españoles nos gusta ser pesimistas, recrearnos en la desgracia. Y por
último, decir que la generación de mi abuelo -y cójanse con pinzas mis
palabras- es "la que mejor se lo montó": nacidos en plena posguerra,
vivieron en el periodo de paz más largo que hayamos vivido y, ademas, su
calidad de vida solo fue in crescendo. Méndez Núñez dijo: “más
vale honra sin barcos que barcos sin honra”, y siento decirles que nuestra nave
tiene una gran vía de agua y se va, irremediablemente, a pique. Así que, al
menos que no se diga que no conservamos el honor.


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